Historia del CGBVP

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Bomberos Voluntarios del Perú: Una llama de servicio que nunca se apaga

Desde las bombas jaladas a pulso en el Callao de 1860 hasta las modernas unidades de rescate del siglo XXI, la historia de los bomberos voluntarios del Perú es la crónica de un pueblo que se organiza para proteger la vida y el patrimonio. Es una línea de tiempo marcada por cuotas personales, colectas comunitarias, reuniones decisivas y modernizaciones constantes, donde la voluntad siempre precedió a los recursos y la vocación se convirtió en el motor de cada generación.

Los inicios en el Callao — Cuando todo era voluntad
La historia de los bomberos voluntarios del Perú comienza en 1860, en el Callao, cuando vecinos y comerciantes decidieron organizarse para enfrentar los incendios que azotaban el puerto. Ser bombero en esa época implicaba no solo arriesgar la vida, sino también pagar una mensualidad para sostener la compañía. Con esas cuotas y colectas públicas se financiaban bombas manuales que requerían de ocho o diez hombres para operarlas, escaleras, mangueras de lona y hasta carros rudimentarios tirados por caballos.
Los primeros “vehículos” eran bombas jaladas a pulso o montadas en carruajes de madera, movidos por la fuerza humana o por caballos; no había motores ni tanques modernos. Los uniformes eran ropa de calle reforzada con chaquetas de cuero y cascos metálicos simples; la protección era mínima: muchas veces entraban al fuego con pañuelos húmedos como único filtro para respirar unos segundos más. A menudo usaban botas de jebe o ule, chaquetas de goma, guantes de cuero y cascos de fierro. Así, con riesgos reales y equipamiento básico, nació un espíritu que no dependía de tecnología sino de convicción y solidaridad.

Primeras modernizaciones y expansión urbana
Con el crecimiento de las ciudades en las primeras décadas del siglo XX, los incendios se volvieron más frecuentes y peligrosos. Surgieron siete cuerpos de bomberos en distintas ciudades, cada uno con su propia organización: Lima, Callao, Arequipa, Trujillo, Chiclayo y otros centros urbanos comenzaron a estructurar compañías con identidad propia. Los equipos empezaron a modernizarse: aparecieron las bombas de vapor sobre carros tirados por caballos y, poco después, las primeras autobombas motorizadas entre 1910 y 1920, pequeñas, lentas y pesadas, pero revolucionarias para su tiempo. Las escaleras mecánicas llegaron también en estas décadas.
Los uniformes evolucionaron hacia telas más gruesas y cascos de baquelita (década de 1930), aunque muchas compañías seguían combinando lo nuevo con lo heredado: botas de jebe, chaquetas de goma, cascos de fierro o pañoletas mojadas persistían en varios cuarteles. En ese contexto, la compra de vehículos y herramientas continuó financiándose mediante cuotas mensuales, colectas, rifas y aportes de empresas benefactoras; cada autobomba nueva era fruto de gestiones comunitarias.

La unificación — Nace el CGBVP
La coordinación entre los distintos cuerpos era difícil en lo operativo y en lo logístico. Por eso, en la segunda mitad de la década de 1930 los siete Comandantes Generales se reunieron y acordaron la unificación bajo un solo Comando Nacional. De esa decisión, hacia 1953, nació el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP), consolidando la identidad institucional bajo el lema “Dios, Patria, Humanidad”.
La unificación permitió una mejor distribución de recursos y una planificación más coherente, y también facilitó la llegada de autobombas de mayor capacidad, escaleras mecánicas que reemplazaron a las manuales y cisternas que llevaban agua a zonas antes inalcanzables. Aun así, la cultura del financiamiento propio persistió: rifas, colectas, donaciones de puertos y empresas, y cuotas bomberiles siguieron siendo fuentes esenciales para adquirir equipos y mantener vehículos.

Nuevos riesgos del siglo XX y el nacimiento de la Sanidad
En la segunda mitad del siglo XX, la institución enfrentó retos crecientes: incendios industriales y urbanos más complejos exigieron vehículos especializados (cisternas de abastecimiento, unidades de rescate para accidentes vehiculares) y equipos nuevos, como los primeros sistemas de respiración autónoma que permitieron ingresar a ambientes con humo tóxico en condiciones más seguras. Para bomberos acostumbrados a pañoletas mojadas y mascarillas artesanales, el ERA (equipo de respiración autónoma) marcó una diferencia de vida o muerte.
Fueron también décadas en las que aparecieron las primeras ambulancias en las compañías —muchas donadas por hospitales, clubes o empresas— pensadas al inicio para trasladar bomberos heridos. La población, al ver ambulancias, empezó a solicitarlas para emergencias médicas; lo que era un recurso interno terminó transformándose en un servicio ciudadano. En 1982 se formalizó este cambio con la creación de la Dirección de Sanidad del CGBVP, institucionalizando la atención prehospitalaria y el rol paramédico voluntario de los bomberos.
En este periodo también se produjo un hecho clave: en 1975, mediante la Ley N.° 21496, el CGBVP fue incorporado al Estado peruano, recibiendo presupuesto público para gastos operativos. No obstante, el presupuesto estatal solo cubría parte de las necesidades: los vehículos y equipos seguían siendo caros, y muchas unidades continuaron recurriendo a colectas, campañas y benefactores para completar su dotación.

Siglo XXI — Modernización, innovación y persistentes brechas
Ya en el siglo XXI, la modernización se aceleró. Los equipos de protección personal pasaron de botas de jebe, chaquetas de goma y cascos de fierro —que acumulaban calor y ofrecían poca protección— a trajes ignífugos multicapa, guantes de alta resistencia, botas dieléctricas y cascos con visores diseñados para soportar temperaturas extremas. La diferencia era tangible: antes, un bombero podía trabajar pocos minutos antes de sufrir quemaduras; hoy, el equipo permite avanzar más seguro y llegar más lejos.
Los vehículos también alcanzaron capacidades que sus antecesores no podían imaginar: autobombas con tanques de miles de litros, bombas de gran caudal capaces de vaciar una piscina olímpica en minutos, y presiones de agua que, en algunos casos, pueden derribar una pared de ladrillos solo con la fuerza del chorro. Se sumaron unidades forestales, carros especializados en materiales peligrosos, escaleras de más de 30 metros y vehículos de rescate urbano pesado.
Pese a estos avances, las brechas permanecen: mientras algunas compañías accedieron a tecnología de punta vía presupuesto estatal, donaciones internacionales o convenios con municipios y empresas, otras siguen sosteniéndose con actividades propias, rifas, alianzas comunitarias y aportes personales de los bomberos. La constante histórica se repite: la voluntad precede a los recursos; la vocación mueve gestiones y donaciones.

El Patronato y la sociedad junto a los bomberos
En este contexto reciente, surgió el Patronato Nacional Pro Bomberos del Perú, fundado en 2020 por líderes empresariales encabezados por el ingeniero Arturo Ernesto Woodman Pollitt. Su objetivo fue canalizar recursos y apoyo hacia los bomberos, complementando el esfuerzo del Estado y la solidaridad ciudadana. El Patronato a la actualidad continúa impulsando becas educativas, donaciones de equipos y visitas a compañías para conocer sus necesidades reales. Su aporte es valioso, pero no sustituye la misión central: los protagonistas siguen siendo los miles de voluntarios que, día y noche, arriesgan su vida por salvar la de otros. El Patronato existe para servir a quienes sirven, y su presencia es un recordatorio de que la sociedad puede y debe acompañar a los bomberos voluntarios del Perú en su ardua y loable tarea.

Abog. Manuel Castañeda Jiménez

Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú, con más de cuarenta años de trayectoria profesional en el sector privado y amplia experiencia en la gestión pública e institucional. Ha desempeñado funciones y asesorías estratégicas en el Ministerio del Interior, EMAPE, la Municipalidad Distrital de La Victoria, la Intendencia Nacional de Bomberos del Perú y el Congreso de la República.

Destaca por su aporte al fortalecimiento del ordenamiento jurídico nacional, liderando estudios y proyectos de ley que permitieron aclarar la vigencia de cerca de 15,000 normas. Fue responsable del anteproyecto de la Ley del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, que dio origen al Decreto Legislativo N.º 1260.

Desde la Dirección Ejecutiva del Patronato, aporta rigor legal, conocimiento institucional y una visión estratégica orientada a la transparencia y sostenibilidad en beneficio de los bomberos voluntarios del país.

Lic. Martín Pérez Monteverde

Licenciado en Administración con amplia formación ejecutiva (PAD, Wharton). Su trayectoria combina el éxito empresarial (CEO de grandes corporaciones) y el servicio público. Fue Ministro de Comercio Exterior y Turismo y Presidente de la CONFIEP

Su experiencia liderando negociaciones de TLCs y su enfoque ético ofrece una visión estratégica crucial para la obtención de alianzas.

Abog. Madeleine Osterling Letts

Abogada, empresaria y especialista en derecho corporativo. Con experiencia como socia de estudios legales y Directora de Asuntos Legales de grandes corporaciones. 

Su rol como árbitro y docente dota al Patronato del rigor legal y el cumplimiento normativo esencial para la tranquilidad de nuestros donantes y aliados.

Abog. Emilio Rodríguez Larraín Salinas

Abogado y empresario con visión ejecutiva de alto impacto. Su trayectoria combina el servicio público (Secretario General del MEF y Viceministro) con la más alta dirección corporativa, siendo actualmente Presidente del Directorio de Latam Airlines Perú S.A. y del Banco Santander, entre otras importantes corporaciones. 

Su enfoque ejecutivo y capacidad para articular alianzas estratégicas fortalecen la visión de crecimiento institucional y el posicionamiento del Patronato.

Ing. Gabriel Seminario de la Fuente

Ingeniero Industrial y ejecutivo financiero con más de cuarenta años de experiencia. Su principal contribución es su vasta experiencia en el control financiero y la gestión de grandes grupos, habiéndose desempeñado como Contralor del Grupo Romero. 

Su aporte asegura el uso eficiente y responsable de los recursos, garantizando la transparencia y sostenibilidad de los programas y acciones del Patronato.

Emp. Jaime Cáceres Sayán

Empresario con destacada participación en el sector financiero y diplomático. Fue Presidente de la AFP Integra por dieciséis años y líder gremial, presidiendo la CONFIEP (2007-2009). También sirvió al país como Embajador del Perú ante el Reino de España

Su compromiso social se extiende como Director de la Liga Peruana de Lucha contra el Cáncer, aportando una visión humanitaria y de gestión de causas sociales.

Lic. Carlos Alberto Neuhaus Tudela

Ejecutivo con MBA y especialista en Finanzas Públicas (Universidad de Cambridge). Es ampliamente reconocido por su exitosa labor como Director Ejecutivo de COPAL PERÚ, liderando la organización de los Juegos Panamericanos Lima 2019, un hito de gestión. 

Su experiencia en directorios corporativos de alto nivel y su rol activo en fundaciones de bien social (Fundación Peruana del Cáncer) garantizan la eficiencia y escala de los proyectos del Patronato.

Ing. Roque Eduardo Benavides Ganoza

Ingeniero Civil, empresario y referente del sector minero. Actualmente, Presidente de la Compañía de Minas Buenaventura S.A. Aporta una vasta experiencia gerencial, habiendo presidido dos veces la CONFIEP y la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía. 

Su formación de élite y sus múltiples Doctorados Honoris Causa reflejan una disciplina y un compromiso con el desarrollo del Perú que se traslada directamente a la gestión rigurosa del Patronato.

Abog. Jorge Alfredo Picasso Salinas

Abogado, ex banquero y empresario de gran experiencia financiera. Ha liderado instituciones clave, como la Presidencia de la Asociación de Bancos (ASBANC) y la CONFIEP

Su participación en directorios de empresas influyentes garantiza una fiscalización financiera implacable y una visión estratégica, asegurando que el Patronato opere con la máxima transparencia y solidez.